La Flotilla Amazónica Yaku Mama llega a Perú para contar más historias de resistencia amazónica

“Hoy pisamos tierra en Iquitos”, cuenta Lucía Ixchiu, parte de la Coordinación de la Flotilla Amazónica Yaku Mama.
Por Emergentes
23 de octubre de 2025 15:50
Por Lucía Ixchiu
En medio del calor que abraza la selva amazónica, después de cruzar la frontera de Ecuador con Perú y hacer una parada en la Isla de Yarina, seguimos rumbo a Iquitos, la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera.
Atracamos sobre las 16h y nos despedimos de los pilotos y las embarcaciones que nos acompañaron durante varios días. Llegamos al lugar donde nos quedaríamos los próximos tres días de esta travesía río adentro. Finalmente, dejamos el río Napo y nos encontramos con el inmenso río Amazonas.
Entre filas para comer, filas para bajar el equipaje, filas para tomar mototaxis y filas para subir a los autobuses que nos llevarían al lugar donde dormiríamos, tuvimos la oportunidad de, por fin, estirar la espalda en algo que no fuera el suelo.
Este viaje es una transformación existencial profunda y, en mi opinión, un regalo precioso por recorrer una de las rutas que nos permite atravesar no solo el río, sino también nuestro interior. Al bajar de las embarcaciones, aún sentimos, durante días, la sensación de estar sobre el agua.
Llegar al hotel en medio del caos y el tráfico fue, sin duda, una aventura más. Finalmente pudimos dormir y descansar el cuerpo para seguir, al día siguiente, con una agenda liderada por Muyuna —un colectivo de cine flotante de la ciudad que trabaja en medio de las aguas—.
Comenzamos el recorrido por el barrio de Belén, donde vimos un mercado peculiar, con todo tipo de plantas y especies que solo existen en la selva amazónica —huevos de tortuga, larvas comestibles, olores diversos y un río contaminado formaban parte del escenario, en fuerte contraste con los ríos vivos que veníamos observando antes de llegar a la ciudad.

La ciudad de Iquitos se inunda de diciembre a mayo cada año, y la población aprendió a vivir así hace mucho tiempo. Esto me parece sorprendente por la capacidad de adaptación a la realidad, aunque, claro, los cambios y las inundaciones también son efecto de la destrucción de la biodiversidad.
Después del almuerzo, nos dirigimos al puerto para seguir viajando por las lagunas y ríos de estos territorios. Llegamos a la playa Muyuna —o Isla Bonita—, donde realizamos una acción de solidaridad con Brasil. Ayer supimos que se concedió una licencia de exploración de petróleo en el mar a Petrobras. Es muy fuerte y doloroso que, en medio de la flotilla, estas cosas sigan sucediendo, pero, al menos, estamos juntos para apoyarnos entre territorios.
Tocar la tierra también forma parte de este viaje sobre el agua. Nuestros ancestros mayas decían que parte del equilibrio es armonizar agua, fuego, aire y tierra —y eso es lo que buscamos ahora—. Estamos tomando fuerza de la tierra, buscando un poco de calma para seguir adentrándonos en esta selva tan intensa y bella a la vez.
Este viaje desmonta mitos y estereotipos sobre la selva. Estar aquí no es fácil ni romántico, pero así es la vida. Los sarpullidos en la piel y las miles de picaduras de insectos, pulgas y mosquitos nos recuerdan que honrar la naturaleza y formar parte de ella es también aceptar todo esto —que salir de la zona de confort es parte de romper con la comodidad y el parasitismo de las ciudades, y que volver a la tierra es todo, menos algo simple.
La selva tiene su propio tiempo, sus propias reglas y su propio camino. Gracias a ella por acogernos y enseñarnos a caminar con ella.
Fuente: MidiaNinja