octubre 2025

Flotilla Yaku Mama camino a Atalaia do Norte - Brasil. Foto: Hackeo Cultural
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Valle del Yavarí: Donde la defensa de la vida significa respetar el derecho a no ser contactados

Valle del Yavarí: Donde la defensa de la vida significa respetar el derecho a no ser contactados Bitácora de la Visita al valle del Yavarí  rumbo a la COP30 Desde el Río Amazonas Tras navegar desde los Andes ecuatorianos y cruzar Perú, por los ríos Napo y Amazonas,  llegamos a  una de las regiones más remotas y sensibles del planeta: el Valle de Yavarí, en la triple frontera entre Brasil, Perú y Colombia. En este punto de encuentro entre aguas y fronteras, llevamos nuestro mensaje al corazón del mayor refugio de Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI) del mundo: pueblos que eligen vivir sin contacto con la sociedad y cuya existencia depende directamente de la integridad de los bosques que los cobijan. “Nacimos del agua y al agua volvemos, porque donde nace el agua, nace la vida; y donde nace la vida, nace el pueblo.” — Flotilla Amazónica Yaku Mama Desde las cumbres del Cayambe hasta el Yasuní, navegamos para transformar el dolor del extractivismo en fuerza colectiva. En el Valle de Yavarí, esa fuerza se tradujo en un llamado urgente a proteger la vida de quienes solo piden que se respete su derecho a existir. Una Frontera Bajo Presión El Valle de Yavarí no es solo un santuario de biodiversidad: es un territorio bajo asedio. Aquí convergen rutas de narcotráfico, tráfico de madera, caza y minería ilegal, en una de las zonas más frágiles y peligrosas de la Amazonía. Es también el territorio donde, en 2022, fueron asesinados el periodista Dom Phillips y el indigenista Bruno Pereira, mientras documentaban precisamente estas amenazas. La tripulación de la Flotilla se reunió con representantes de la Unión de Pueblos Indígenas del Valle de Yavarí (UNIVAJA) para conocer de primera mano la situación de los PIACI. También compartieron experiencias con miembros de la Organización Regional de Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO), de Perú, quienes lideran junto a UNIVAJA la iniciativa del Corredor Territorial Yavarí–Tapiche, un esfuerzo transfronterizo que busca proteger más de 16 millones de hectáreas de bosques continuos, asegurando la supervivencia física y cultural de los PIACI. Un reciente informe del GTI-PIACI (2024) confirmó una tendencia alarmante:  el 50% de los territorios de Pueblos Indígenas en Aislamiento en Sudamérica se superponen con 4.665 concesiones o solicitudes mineras, muchas relacionadas con minerales “críticos” para la llamada transición energética.  El oro representa el 42% de estas presiones, seguido por el estaño (24%) y el litio (10%). En Brasil, donde se asienta gran parte del Valle de Yavarí, 58 registros PIACI se ven afectados directamente por estas actividades. Los mapas de riesgo elaborados por organizaciones locales revelan además la expansión de las rutas del narcotráfico, carreteras ilegales y operaciones extractivas dentro de territorios que deberían permanecer intocados. “La protección del Corredor Yavarí–Tapiche no es solo un asunto local, es una responsabilidad global.Garantizar la seguridad jurídica de estos territorios y fortalecer la gobernanza indígena es la estrategia más efectiva para conservar la Amazonía.”— Wakemo, jóven Waorani vocero de la Flotilla Yaku Mama Una Amenaza Letal e Invisible La falta de reconocimiento oficial y demarcación de los territorios PIACI no solo viola derechos fundamentales, sino que pone vidas en riesgo inmediato. Su alta vulnerabilidad inmunológica, resultado de siglos de aislamiento, significa que incluso un resfriado común introducido por un invasor puede ser mortal. Casos documentados en décadas pasadas muestran cómo simples contactos fortuitos provocaron la desaparición de pueblos enteros. Por eso, la protección preventiva, mediante zonas de exclusión y monitoreo permanente, es la única política realmente ética y viable. Demandas para la COP30: No a una Transición Energética a Costa de los PIACI Mientras la Flotilla avanza hacia Manaos y posteriormente a Belém, donde culminará su travesía en la COP30, lleva consigo un mensaje firme:la transición energética no puede replicar las injusticias fósiles ni sacrificar territorios indígenas en nombre del clima. Desde el corazón del Amazonas, la Flotilla exigirá: El Silencio que También Habla Los Pueblos en Aislamiento no tienen portavoces en las cumbres ni en los medios. Su silencio es, en sí mismo, una forma de resistencia y un llamado a la humanidad. La Flotilla Amazónica Yaku Mama navega por ellos, por los ríos y por los derechos que el mundo aún no escucha. Porque defender su existencia es defender el equilibrio del planeta entero. “Seguimos navegando, llevando las voces de quienes defienden la vida,y el silencio de quienes solo piden que se reconozca su derecho a existir”.

Flotilla Yaku Mama llegando a Monterrico  -  Angoteros, Perú. Foto: Hackeo Cultural
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Una Lucha Sin Fronteras

Una Lucha Sin Fronteras Bitácora de la Segunda Semana de la Flotilla Amazónica Yaku Mama rumbo a la COP30 Las fronteras políticas son líneas imaginarias; los ríos, en cambio, son venas vivas que conectan un solo cuerpo. Esa fue la gran lección de nuestra segunda semana de travesía: un viaje que nos llevó a cruzar los límites invisibles entre Ecuador, Perú y Colombia, demostrando que nuestra lucha —como el agua— fluye libre, uniendo pueblos, lenguas y corazones. Nuestros ancestros navegaron por estos mismos ríos. Para ellos, el agua no dividía: era el camino. Hoy, en esta flotilla, sentimos esa misma conexión. Cruzamos fronteras que históricamente fragmentaron los territorios de pueblos hermanos como los Kichwa, Siekopai, Shuar y Tikuna. Cada trasbordo entre embarcaciones, cada cambio de bandera, nos recordaba que somos un solo pueblo amazónico defendiendo un mismo territorio: el territorio de la vida. Educación como resistencia en la selva peruana El 18 de octubre llegamos a Monterrico, Angoteros, uno de nuestros primeros puertos en Perú. Nos recibieron los Naporunas —los habitantes del Napo— con hospitalidad y orgullo. Pasamos la noche en su escuela, y pronto entendimos que no era una escuela cualquiera. Desde 1975, esta institución es pionera en educación intercultural bilingüe. Aquí, el kichwa no es solo una materia: es la lengua en la que se aprende, se sueña y se construye el futuro. Estudiantes de 29 comunidades, incluidas Siekopai, viven en un internado donde se enseña que la sabiduría ancestral y el conocimiento moderno pueden caminar juntos. Esta escuela es una semilla de resistencia: un recordatorio de que educar en la lengua del territorio es también defenderlo. Tecnología y guardianía ancestral en Vista Hermosa Seis horas de navegación nos llevaron, el 19 de octubre, a una isla en el río Napo: la comunidad de Vista Hermosa. Nos esperaban en la orilla con banderas y cantos contra la minería y el petróleo. Su bienvenida tenía la fuerza de quienes saben lo que está en juego. Al caer la noche, compartieron con nosotros su mayor logro: un sistema de monitoreo territorial satelital, gestionado por las propias comunidades Kichwa, Ticuna y Matsés, en alianza con ORPIO y Rainforest Foundation US.  A través de drones, GPS y alertas satelitales, patrullan un millón de hectáreas, vigilando el bosque ante la tala y la invasión extractiva. Pero lo más inspirador es quién lidera esta defensa: las mujeres. Ellas organizan los patrullajes, generan las alertas y han creado incluso “cunas comunitarias” para cuidar a sus hijos mientras protegen el territorio. Vista Hermosa nos mostró que la tecnología puede ser una herramienta de amor y guardianía cuando se usa desde la raíz. El encuentro con el Gran Río y la memoria del caucho Esa misma jornada llegamos al puerto Mazán. Tras un breve viaje en mototaxi, lo vimos aparecer ante nosotros: el majestuoso río Amazonas. Aunque el Napo es inmenso, el Amazonas tiene otra dimensión: es una fuerza que te envuelve, que te recuerda lo pequeño que eres frente a su grandeza. Desde allí continuamos hacia Iquitos, la ciudad fluvial más grande del Perú, levantada sobre una historia de explotación y dolor: el auge del caucho. Hoy, sus calles y embarcaderos conservan la memoria de un tiempo de esclavitud y deforestación, pero también la voluntad de sanar. Llegar a Iquitos fue un hito: mil kilómetros navegados, y una convicción profunda de transformar esa memoria en justicia. La Venecia Amazónica y la amenaza de la crecida El 20 de octubre visitamos el barrio de Belén, conocido como la “Venecia Amazónica”.Sus casas flotantes, sus mercados de frutas y medicinas naturales, y su ritmo diario al compás del río muestran una adaptación admirable al pulso del agua. Pero ese pulso está cambiando. Las inundaciones, cada vez más extremas por el cambio climático y la deforestación, amenazan la vida de miles de familias. Belén es un espejo de la crisis climática: un lugar donde la resiliencia se convierte en forma de vida, aunque la amenaza venga de lejos. Cine, sabiduría y gobernanza indígena Esa tarde, en la playa Muyuna, el cine flotó junto a nosotros. Participamos en un Festival de Cine Flotante, donde se proyectaron trabajos audiovisuales realizados por los propios tripulantes. Fue un momento de introspección colectiva: vernos en pantalla era también reconocernos en las luchas de otros territorios. El 21 de octubre compartimos una jornada de trabajo con la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO). Allí se cruzaron visiones y estrategias: la OPIAC de Colombia habló sobre el monitoreo territorial frente a grupos armados; representantes de la Sierra Nevada compartieron sus avances en energía solar; y los Waorani de Ecuador contaron su resistencia histórica al petróleo en el Yasuní. Salimos de esas mesas con una certeza: las soluciones vivas ya existen, y están en nuestras comunidades. La triple frontera y el arte como resistencia Entre el 22 y el 25 de octubre llegamos a Leticia, Colombia, el punto donde las fronteras de Colombia, Perú y Brasil se diluyen en el río. Aquí, en el Festival de Cocina Indígena, compartimos alimentos, saberes y risas, confirmando que la matriz cultural amazónica es una sola: la selva que nos da de comer, sanar y existir. Nos reunimos nuevamente con la OPIAC, que compartió su experiencia en la creación del Sistema de Salud Indígena Propio y la lucha por la demarcación de resguardos. El 25 de octubre cruzamos hacia la Comunidad Tikuna de San Juan de Barranco, donde fuimos recibidos con la ceremonia de la Pelazón: un ritual que celebra el paso de niña a mujer y honra la continuidad de la vida. Ese día, la artista amazónica Rosi War unió su voz a las de la comunidad en un concierto que resonó como un canto colectivo por la selva. Esta semana nos enseñó que, aunque las amenazas son globales, la resistencia también lo es. Cruzamos fronteras físicas, pero sobre todo, derribamos las fronteras que nos separan.Seguimos navegando, más unidos y más fuertes, hacia Belém —donde la Amazonía se levantará para exigir que el mundo escuche el llamado

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El río nos une: de los Andes al Amazonas, navegamos para sanar la Tierra

El río nos une: de los Andes al Amazonas, navegamos para sanar la Tierra Bitácora de la Primera Semana de la Flotilla Amazónica Yaku Mama rumbo a la COP30 Nacimos del agua y al agua volvemos, porque donde nace el agua nace la vida, y donde nace la vida nace el pueblo. Desde las cumbres del Cayambe hasta el Yasuní, navegamos para transformar el dolor del extractivismo en fuerza colectiva que conecta nuestros territorios con el mundo. Nuestra Flotilla Amazónica Yaku Mama está conformada por una coalición viva de más de 60 pueblos, comunidades, organizaciones y movimientos indígenas y aliados. Emprendimos una travesía fluvial de más de 3.000 kilómetros, navegando desde los Andes ecuatorianos hasta Belém do Pará, Brasil, con un propósito claro: llevar las voces, denuncias y soluciones de nuestros territorios al corazón de las negociaciones climáticas de la COP30. Este viaje no es solo una ruta: es una plataforma flotante de acción, resistencia y esperanza.Aquí compartimos la crónica de nuestra primera semana en el río, desde el nacimiento del agua hasta la frontera amazónica. El Origen Sagrado: donde nace el agua y la resistencia Nuestro camino comenzó el 9 de octubre, en las alturas del glaciar Cayambe, uno de los apus sagrados de los Andes ecuatorianos. A 4.690 metros sobre el nivel del mar, el aire es delgado y el hielo escaso: lo que alguna vez fue un manto perpetuo ahora retrocede año tras año. Entre 1985 y 2020, los glaciares tropicales amazónicos perdieron el 56% de su superficie, según la Red Amazónica de Glaciares y Nieve. Cada metro que se derrite es una herida abierta en el cuerpo de la Tierra.En una ceremonia ancestral, líderes y sabios Kayambi, Otavalo, Natabuela y Karanki ofrendaron hojas de coca, flores y agua. Pedimos permiso al glaciar para emprender el descenso, honrando el ciclo sagrado que conecta la montaña con la selva: el viaje del agua que nace en los Andes, fluye hacia el Amazonas y regresa al cielo como ríos voladores. Como manifestamos  en nuestra Declaración: “No partimos para conquistar, sino para conectar.” Desde ese punto sagrado, comenzó el descenso hacia el corazón verde del continente. Serena: la juventud tejiendo narrativas de futuro El 13 de octubre llegamos a Serena, una comunidad Kichwa amazónica en la provincia de Napo. Este territorio es un faro de resistencia frente a la minería aurífera, que desde 2017 ha destruido más de 500 hectáreas de bosque primario en el Alto Napo. La comunidad nos recibió con música, danza y la calidez de la selva. Allí realizamos el taller “Narrativas Anti Hegemónicas y Juventudes Amazónicas por la Acción Climática”, un encuentro poderoso donde la palabra, el arte y el audiovisual se convirtieron en herramientas de defensa territorial.Participaron jóvenes de Ecuador, Brasil, Colombia, Guatemala, México y Panamá, compartiendo historias sobre cómo el extractivismo amenaza sus hogares, pero también cómo la creatividad y la comunicación son formas de resistencia. Las mujeres de la Guardia Indígena Yuturi Warmi lideraron el proceso, mostrando que las nuevas generaciones heredan no solo una lucha, sino una misión: proteger la vida desde la palabra y la acción colectiva. Jatun Yaku: el río que grita resistencia El 14 de octubre nos adentramos en el río Jatun Yaku —“agua grande” en kichwa—. Navegamos sus aguas en rafting comunitario, acompañados por jóvenes defensores del territorio. El contraste era doloroso: la fuerza viva del río contra las cicatrices de la minería.  En sus riberas vimos el rastro de la destrucción: sedimentos contaminados, árboles arrancados, comunidades desplazadas. Solo en 2024, se perdieron 204 hectáreas más por minería ilegal en esta zona.El agua turbia es un recordatorio constante de la contaminación por mercurio y metales pesados, que amenaza la salud de miles de familias. Durante el conversatorio con las Yuturi Warmi, una de ellas dijo: “Nosotras no tenemos armas. Nuestra defensa es el conocimiento del bosque y la fuerza de las mujeres.” Esa tarde, el río nos habló claro: defender el agua es defender la vida. El Coca: confrontando el legado tóxico del petróleo El 14 y 15 de octubre llegamos a El Coca (Francisco de Orellana), donde la Amazonía lleva más de 50 años de explotación petrolera. Aquí, el paisaje parece normal hasta que uno se detiene y huele el aire. Junto a Donald Moncayo, defensor ambiental y miembro de la Unión de Afectados por Texaco (UDAPT), realizamos el “Toxic Tour”, caminando por zonas donde aún hoy, a pocos centímetros de la tierra, brota petróleo. Entre 1964 y 1990, Texaco (hoy Chevron) vertió más de 18 mil millones de galones de desechos tóxicos en la Amazonía ecuatoriana. El daño alcanza a seis nacionalidades indígenas y más de 80 comunidades campesinas. Aún hoy, 486 mecheros queman gas día y noche, liberando más de 400 mil toneladas de CO₂ al año. “Aquí la lluvia quema la piel. Aquí el petróleo no es riqueza, es enfermedad.”— Donald Moncayo, vocero Unión de Afectados por Texaco (UDAPT). Como respuesta simbólica, realizamos el “Funeral de los Combustibles Fósiles”. Frente al monumento al colonizador Orellana, enterramos una muestra de crudo en una caja de madera. Fue un acto de duelo y de siembra: devolver a la tierra lo que nunca debió salir de ella. Marchamos por las calles con cantos, carteles y tambores, exigiendo una Amazonía libre de petróleo y el cumplimiento del derecho a la reparación integral. Zarpando hacia lo profundo: el viaje por el Napo El 16 de octubre, desde el mismo puerto histórico que partieron las misiones colonizadoras de toda la Cuenca Amazónica lideresas por Francisco de  Orellana, zarpó oficialmente nuestra Flotilla Yaku Mama. “Navegamos como nuestros ancestros: para conectar las voces de los territorios y amplificarlas para que el mundo las escuche. Navegamos para unir a los pueblos y para resignificar este proceso colonial”— Lucía Ixchiu, mujer  Maya K’iche’ A bordo viajamos 56 personas, representando a más de 60 organizaciones y movimientos indígenas, sociales y ambientales de toda la cuenca amazónica.El viaje fluvial comenzó con ofrendas al río y un llamado conjunto a los gobiernos de la región: una

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La Flotilla Indígena llega a Perú para contar más historias de resistencia amazónica

La Flotilla Amazónica Yaku Mama llega a Perú para contar más historias de resistencia amazónica “Hoy pisamos tierra en Iquitos”, cuenta Lucía Ixchiu, parte de la Coordinación de la Flotilla Amazónica Yaku Mama. Por Emergentes23 de octubre de 2025 15:50Por Lucía Ixchiu En medio del calor que abraza la selva amazónica, después de cruzar la frontera de Ecuador con Perú y hacer una parada en la Isla de Yarina, seguimos rumbo a Iquitos, la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera. Atracamos sobre las 16h y nos despedimos de los pilotos y las embarcaciones que nos acompañaron durante varios días. Llegamos al lugar donde nos quedaríamos los próximos tres días de esta travesía río adentro. Finalmente, dejamos el río Napo y nos encontramos con el inmenso río Amazonas. Entre filas para comer, filas para bajar el equipaje, filas para tomar mototaxis y filas para subir a los autobuses que nos llevarían al lugar donde dormiríamos, tuvimos la oportunidad de, por fin, estirar la espalda en algo que no fuera el suelo. Este viaje es una transformación existencial profunda y, en mi opinión, un regalo precioso por recorrer una de las rutas que nos permite atravesar no solo el río, sino también nuestro interior. Al bajar de las embarcaciones, aún sentimos, durante días, la sensación de estar sobre el agua. Llegar al hotel en medio del caos y el tráfico fue, sin duda, una aventura más. Finalmente pudimos dormir y descansar el cuerpo para seguir, al día siguiente, con una agenda liderada por Muyuna —un colectivo de cine flotante de la ciudad que trabaja en medio de las aguas—. Comenzamos el recorrido por el barrio de Belén, donde vimos un mercado peculiar, con todo tipo de plantas y especies que solo existen en la selva amazónica —huevos de tortuga, larvas comestibles, olores diversos y un río contaminado formaban parte del escenario, en fuerte contraste con los ríos vivos que veníamos observando antes de llegar a la ciudad. La ciudad de Iquitos se inunda de diciembre a mayo cada año, y la población aprendió a vivir así hace mucho tiempo. Esto me parece sorprendente por la capacidad de adaptación a la realidad, aunque, claro, los cambios y las inundaciones también son efecto de la destrucción de la biodiversidad. Después del almuerzo, nos dirigimos al puerto para seguir viajando por las lagunas y ríos de estos territorios. Llegamos a la playa Muyuna —o Isla Bonita—, donde realizamos una acción de solidaridad con Brasil. Ayer supimos que se concedió una licencia de exploración de petróleo en el mar a Petrobras. Es muy fuerte y doloroso que, en medio de la flotilla, estas cosas sigan sucediendo, pero, al menos, estamos juntos para apoyarnos entre territorios. Tocar la tierra también forma parte de este viaje sobre el agua. Nuestros ancestros mayas decían que parte del equilibrio es armonizar agua, fuego, aire y tierra —y eso es lo que buscamos ahora—. Estamos tomando fuerza de la tierra, buscando un poco de calma para seguir adentrándonos en esta selva tan intensa y bella a la vez. Este viaje desmonta mitos y estereotipos sobre la selva. Estar aquí no es fácil ni romántico, pero así es la vida. Los sarpullidos en la piel y las miles de picaduras de insectos, pulgas y mosquitos nos recuerdan que honrar la naturaleza y formar parte de ella es también aceptar todo esto —que salir de la zona de confort es parte de romper con la comodidad y el parasitismo de las ciudades, y que volver a la tierra es todo, menos algo simple. La selva tiene su propio tiempo, sus propias reglas y su propio camino. Gracias a ella por acogernos y enseñarnos a caminar con ella. Fuente: MidiaNinja

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Con tecnología satelital, pueblos indígenas amazónicos de Perú monitorean la deforestación ilegal

Con tecnología satelital, pueblos indígenas amazónicos de Perú monitorean la deforestación ilegal En este nuevo capítulo del diario de viaje de la Flotilla Yaku Mama, una travesía por la experiencia de la Organización Regional de Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO) monitoreo satelital contra la tala ilegal de madera. Por Emergentes23 de octubre de 2025 11:00Por Lucía Ixchíu Con el río Yasuní a nuestro lado, partimos para cruzar la frontera que separa a los pueblos y comunidades de lo que hoy llamamos la línea entre Ecuador y Perú. En la comunidad de Yarina, en la provincia de Loreto, los hijos e hijas del río y la quebrada nos recibieron con cantos y una alegría contagiosa por nuestra visita. Se intercambiaron abrazos y saludos entre los pueblos, que nos pidieron, una y otra vez, llevar y amplificar su voz como guardianes de la selva. Desde hace años, comunidades de diferentes nacionalidades monitorean y protegen la selva en un área de más de seis millones de hectáreas de bosque amazónico — todo con sus propios recursos y saberes ancestrales. La Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO) trabaja desde hace varios años apoyando desde la titulación de tierras hasta el desarrollo de un sistema propio de monitoreo, pionero y asistido por tecnología. En medio de los riesgos y la impunidad que marcan la defensa del territorio en Abya Yala —amenazados de muerte y perseguidos por industrias de todo tipo— siguen firmes, con la convicción de ampliar los territorios donde puedan vigilar y unirse en la protección de una de las selvas más importantes del planeta. Nadamos en el río que, por cientos de años, alberga miles de especies. Nadamos y vimos a los pueblos Sapara y Sarayaku remar en la misma canoa. “Las respuestas siempre han estado en nuestros territorios”, dijeron los participantes de la Flotilla Amazónica Yaku Mama. Nuestro encuentro terminó con una cena y una explicación detallada de los apus de la comunidad, monitores y técnicos comunitarios sobre su trabajo y la forma en que vigilan la selva contra la extracción ilegal. La conversación fue liderada por mujeres, jóvenes y por quienes ponen la vida en el centro de todo. Un manto de estrellas nos acompañó durante toda la noche y, arrullados por el río, descansamos. Con el canto de los pájaros, el sol nació y partimos de nuevo, despidiéndonos de Yarina y de todo lo que nos enseñó en tan poco tiempo. Esta vez, partimos con más esperanza: el futuro es hoy — y quienes lo construyen son los pueblos que caminan, crean y, como hormigas, cambian el mundo. Fuente: MidiaNinja

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Diario de Navegación Yaku Mama: La Flotilla nació de un sueño.

Diario de Navegación Yaku Mama: La Flotilla nació de un sueño Por: Leo Cerda En esta entrada del Diario de Navegación Yaku Mama, quiero compartir el sueño que dio origen a todo. Nuestra lucha es por la justicia racial, social y climática. La Amazonia esta en un punto de inflexión es ahora o nunca . Necesitamos  amplificar nuestras voces y merecemos un puesto en los espacios de toma de decisión y demandar que el financiamiento climático llegue directa y efectivamente a nuestras comunidades.  No basta con reconocer nuestro papel; es indispensable garantizar recursos que fortalezcan nuestra autonomía, nuestros proyectos y nuestro derecho a vivir y defender nuestras tierras. Si no apoyamos de manera real y continua a quienes protegemos los bosques, corremos el riesgo de perderlos para siempre—y sin bosques no habrá futuro posible para la humanidad. Que este llamado resuene fuerte: el mundo necesita escuchar, aprender y colaborar con los pueblos indígenas para lograr soluciones verdaderas y duraderas. La Flotilla Amazónica Yaku Mama lleva consigo un mensaje compartido: no estamos solos, y las comunidades indígenas ofrecemos soluciones climáticas poderosas basadas en nuestras experiencias vividas. En nuestra ruta  por los ríos de la Amazonía llevamos  una invitación a la vida, la esperanza y el reencuentro, desafiando el legado de violencia, explotación y colonización. Esta travesía no es de conquista y exterminio sino de unidad, reencuentros y soluciones desde el territorio -un testimonio vivo de la fuerza y la resiliencia de la Amazonia y sus pueblos.

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Comunicado de Prensa: La Flotilla Amazónica Yaku Mama inicia una travesía histórica hacia la COP30

Comunicado de Prensa: La Flotilla Amazónica Yaku Mama inicia una travesía histórica hacia la COP30 QUITO, ECUADOR – 16 de octubre de 2025. La «Flotilla Amazónica Yaku Mama« inicia un viaje simbólico desde la ciudad del Coca en Ecuador para exigir un nuevo paradigma: poner a la Amazonía en el corazón de la lucha por la justicia climática y promover el fin del uso y la explotación de combustibles fósiles.  Uniendo a los Andes con la Amazonía, una coalición de 60 organizaciones indígenas y territoriales, junto a aliados de todo el mundo, navegará 3,000 kilómetros rumbo a la COP30, que se realizará en Belém, Brasil, a inicios de noviembre próximo. Este viaje no es solo un acto de protesta, sino una exigencia contundente: la justicia climática debe ser una realidad, y la extracción de combustibles fósiles en la Amazonía debe terminar ya.  Los participantes de la flotilla se reunieron previamente en Quito como punto de partida, esta elección no fue meramente simbólica, sino que buscó confrontar la historia: fue desde esta ciudad, en 1541, que partió la expedición de Francisco de Orellana que culminó con el ‘descubrimiento’ del Río Amazonas. Hoy, la «Flotilla Amazónica Yaku Mama” invierte simbólicamente esa ruta de conquista en una de conexión, honrando la resistencia de los Pueblos Indígenas y el primer levantamiento continental de 1992, con el objetivo de que el mundo, finalmente  escuche las voces de los territorios. “Este viaje es un acto de resistencia y empoderamiento que vincula la crisis climática con sus raíces coloniales y extractivistas, posicionando a los pueblos que menos han contribuido a ella como los más afectados. Es un llamado urgente a la COP30 para que reconozca que la verdadera justicia climática nace en la tierra, fluye con sus ríos y se sostiene en quienes la cuidan”, sostuvo Lucía Ixchú, indígena Maya K’iche de Guatemala y vocera de la flotilla. Para iniciar la travesía, la tripulación de la flotilla junto a organizaciones aliadas, realizarán un funeral simbólico para despedir la era de los combustibles fósiles que ha devastado la Amazonía. Esta acción colectiva denuncia las falsas soluciones que, en nombre de la transición energética, siguen imponiendo proyectos extractivos y nuevas zonas de sacrificio sobre territorios indígenas. Frente a ello, los pueblos amazónicos reivindican su derecho a decidir sobre sus territorios y a liderar el camino hacia una transición justa y viva sin crear nuevas zonas de sacrificio a través de la minería, los derrames de petróleo y los monocultivos.  La Flotilla Amazónica Yaku Mama exige una transición energética verdaderamente justa y vinculante. Los Pueblos Indígenas instan a gobiernos y empresas que cualquier proyecto de energía limpia respete el Consentimiento Libre, Previo e Informado y ponga fin a los desarrollos de combustibles fósiles que ponen en riesgo sus territorios y modos de vida.  Al mismo tiempo, llaman al reconocimiento y protección de zonas intangibles para Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI), cuya existencia y bienestar dependen de territorios libres de explotación. Proteger estos bosques no solo garantiza la supervivencia de estos pueblos, sino que también preserva la biodiversidad, mantiene el equilibrio climático global y asegura la calidad de vida de todos los habitantes del planeta. La travesía se inicia en un momento crítico para la Amazonía. Según un informe presentado por el Programa Monitoring of the Andes Amazon (MAAP) el año pasado, 2024 marcó un récord devastador con la pérdida de 4.5 millones de hectáreas de bosque primario por deforestación e incendios. Esta destrucción es impulsada por el avance del extractivismo; el mismo estudio revela que la deforestación por minería de oro ha aumentado más del 50% desde 2018, y que un 36% de esta ocurre dentro de áreas protegidas y territorios indígenas. El Río que Fluye: de la Historia a la Esperanza “Estamos hoy en Ecuador por una razón muy específica. Hace siglos, desde Quito partieron las misiones que se arrogaron el ‘descubrimiento’ del Gran Río de las Amazonas, llevando la conquista a nuestros territorios”, afirmó Leo Cerda, indígena kichwa de Napo (Ecuador).  “Nosotros también llegamos a Quito, ese punto de partida histórico, para resignificar la ruta. Y este 16 de octubre, desde Francisco de Orellana —la ciudad del Coca—, emprenderemos una nueva travesía que honra la memoria de lucha y resistencia de los Pueblos Indígenas Amazónicos. También dedicamos este viaje a la memoria del 12 de octubre como símbolo de la resiliencia de los Pueblos de América. Partimos no para conquistar, sino para conectar; para que el mundo, finalmente, escuche las voces del territorio”, añadió. La flotilla está compuesta por una delegación de cincuenta personas,  representantes  de pueblos indígenas y organizaciones de la sociedad civil de la Amazonia,  Mesoamérica, República del Congo  Indonesia y recorrerá el río Amazonas para denunciar las «cicatrices del extractivismo» —como la minería ilegal y la deforestación— y, al mismo tiempo, visibilizar la fuerza de las alternativas que ya están vivas en sus comunidades, como los emprendimientos productivos, los monitoreos territoriales y la ciencia ancestral. La era de los combustibles fósiles en la Amazonía debe llegar a su fin Los combustibles fósiles no solo atentan contra el medio ambiente; son un motor de violencia social.  En el mundo, especialmente en la Amazonía, la defensa del territorio se ha convertido en una sentencia de muerte. De acuerdo al último reporte de Global Witness, publicado en 2024, solo entre 2012 y 2024, al menos 2,253 personas defensoras han sido asesinadas o han desaparecido, de los cuales el 40% fueron indígenas.  La violencia contra la Amazonía se manifiesta en la expansión silenciosa de la industria del petróleo y el gas fósil. Entre 2012 y 2020, el número de campos de explotación aumentó un 13 %, y hoy la extracción está presente en ocho de los nueve países amazónicos. Según InfoAmazonia y Arayara, la exploración petrolera se superpone a 441 territorios ancestrales y 61 áreas naturales protegidas, devorando la selva y amenazando directamente la vida y la autodeterminación de los pueblos indígenas. En toda la Panamazonía existen 933 bloques de petróleo y gas, de los

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Zarpa la Flotilla Amazónica: 3.000 kilómetros por el Amazonas para llevar la voz de sus pueblos a la COP30

Zarpa la Flotilla Amazónica: 3.000 kilómetros por el Amazonas para llevar la voz de sus pueblos a la COP30 Representantes de comunidades indígenas partieron desde los Andes en Ecuador en la Flotilla Amazónica con el propósito de que la primera cumbre del clima que se celebra en la Amazonia tenga en cuenta sus demandas, como el fin a los combustibles fósiles La mirada de una mujer cargando una anaconda viva en sus manos se imponía la mañana del jueves, 16 de octubre, en el puerto de la ciudad Francisco de Orellana, más conocida como El Coca, en la Amazonia ecuatoriana. El cartel, que tenía esta imagen, colgaba de una embarcación de dos pisos, parqueada a la espera de sus pasajeros. A un lado, las letras negras en fondo naranja resaltaban no solo por su color, sino por lo que anunciaban: “Yaku Mamá, flotilla amazónica: de los Andes a la Amazonia. Rumbo a Belém a la COP30”. La presencia de este barco en el puerto ecuatoriano marcaba el inicio de la travesía de más de 50 representantes indígenas y de organizaciones de toda la cuenca amazónica. Durante casi un mes, la flotilla viajará a través del río Amazonas y sus afluentes, hasta llegar a Brasil, para participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30), que se llevará a cabo del 10 al 21 de noviembre. Este grupo recorrerá alrededor de 3.000 kilómetros, a través de cuatro países, en distintas embarcaciones, para llevar las voces amazónicas a las negociaciones más importantes para el futuro del planeta. “La flotilla es un espacio para compartir experiencias y reflexionar sobre temáticas que son discutidas en las COP y que históricamente se han abordado sin la participación de los pueblos indígenas”, explica Alexis Grefa, uno de los representantes de las juventudes ecuatorianas del pueblo Kichwa de Santa Clara, y parte del equipo organizador de la flotilla amazónica. A sus 29 años, Grefa conoce de cerca cómo se llevan a cabo estas negociaciones, ya que ha participado en las COP previas de cambio climático y biodiversidad. En esta ocasión, al ser la primera vez que este evento se realiza en una ciudad amazónica, espera que las demandas de los pueblos indígenas, como el financiamiento directo, la transición energética justa, la eliminación de los combustibles fósiles y el respeto a la consulta previa sean tomadas en cuenta. Un sueño que se hizo realidadEsa mañana del jueves, la embarcación se fue llenando de distintos acentos, lenguas y música. Unos se tomaban fotos, otros recorrían los espacios y algunos se sentaban a observar el paisaje. El último piso se convirtió en el sitio preferido de todos los asistentes por la vista del río Napo. A los pocos minutos de navegación, los representantes de diferentes pueblos y nacionalidades indígenas de la Amazonia ecuatoriana dieron un mensaje de aliento y recordaron la misión del viaje. “Que todos se enteren que en las comunidades estamos sufriendo de un monstruo gigante que nos está atacando”, decía Elsa Cerda, representante de la guardia indígena de mujeres Yuturi Warmi, en referencia a la minería y a la extracción de petróleo. Después de un recorrido simbólico durante alrededor de tres horas, la embarcación volvió al puerto de El Coca. Para acudir a su primera parada, Nueva Rocafuerte, en la frontera con Perú, era necesario tomar las lanchas rápidas a motor, conocidas como deslizadores, para acortar el tiempo de viaje. A través de sus lentes, Grefa observaba el cartel desde el puerto, antes de partir. “Es un sueño colectivo”, reflexionaba, mientras se acomodaba una camiseta en la que también tenía pintada una serpiente. Esta imagen de la anaconda o cobra, considerada la dueña o ama del río, ya había aparecido en los sueños de las personas, de diferentes puntos de la Amazonia, que ayudaron a organizar la flotilla. Por eso, cuando la idea se concretó, decidieron nombrarla Yaku Mama (madre agua) y usar esta serpiente, que se transforma en mujer, como su logo. La propuesta de recorrer estos ríos empezó a tomar forma cuando se anunció que Belém sería la sede de estas negociaciones. A partir de ese momento, se fueron sumando diversas organizaciones para trazar la ruta y definir las actividades. En cada parada, se realizarán actividades para abordar los temas que son relevantes para esos territorios. En Ecuador, por ejemplo, previo a la partida de la flotilla desde la Amazonia, se organizó una visita al glaciar Cayambe, en la sierra, para mostrar la conexión que existe entre las montañas, los páramos y la selva. También visitaron la capital del país como un acto simbólico. “Hace siglos, partieron desde Quito las misiones que se atribuyeron el descubrimiento del gran río de las Amazonas, llevando la conquista a nuestros territorios”, dice Leo Cerda, representante Kichwa de Napo. Previo a llegar a El Coca, también hubo un recorrido por el río Jatunyaku. Para Noveni Usun, del grupo indígena Dayak Bahau de Indonesia, la visita a las comunidades que se encuentran en las riberas de este río afectado por la minería ilegal en la provincia del Napo, fue una de las experiencias más impactantes. “Eso también pasa en mi región y ver cómo luchan acá es muy inspirador”, dice la joven de 28 años, que viajó durante tres días en avión desde su país hasta Ecuador, para ser parte de la flotilla. Ella es una de las integrantes de este grupo, junto con otros representantes de Guatemala, Panamá e Inglaterra, que no son parte de la cuenca amazónica, pero que llegaron a intercambiar experiencias sobre las diversas amenazas que afectan a los bosques alrededor del mundo. Un camino para enterrar los combustibles fósilesYa en El Coca, el día previo a la salida de la flotilla, se realizó un funeral simbólico de los combustibles fósiles. Grefa y otros integrantes del grupo llevaron una tumba negra de cartón, con letreros a sus costados que decían “R.I.P Petróleo”, por las calles de la ciudad. Detrás de ellos, el resto de los integrantes marcharon con carteles de Yaku Mama

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Diario de Navegación de Yaku Mama: Por Dentro de la Flotilla Indígena Rumbo a la COP30

Diario de Navegación de la Flotilla Amazónica Yaku Mama: Por Dentro de la Flotilla Indígena Rumbo a la COP30 Esta será una serie de textos narrativos y testimoniales como parte del Diario de Navegación Yaku Mama, que navega por el río Amazonas rumbo a Brasil. Por: Lucía Ixchiu Primera semana Con los ojos llenos de verde, entre los sonidos del agua y de la selva, inicio este relato desde el corazón de la flotilla. ¿Qué hace una mujer maya K’iche en medio de la selva amazónica, de camino a Brasil? Siento el río y la selva, y cómo nos conectamos a medida que el viaje avanza. Entre las aguas de los ríos Napo y Yasuní, seguimos en dirección a Pantoja, en la frontera entre Ecuador y Perú, una región que, años atrás, estuvo en conflicto. Con el permiso y el sonido de la abuela Cayambe, el glaciar donde nace el río Amazonas, y con nuestra ofrenda recibida por la tierra, iniciamos esta jornada. Ya hemos recorrido un tercio de este viaje de hermanamiento entre territorios, de solidaridad y aprendizajes compartidos. Para el pueblo K’iche, los bosques son parte esencial de su existencia. Honrar la Amazonía es también honrar todas las selvas y bosques del mundo. Nuestros ojos se llenan de colores al contemplar la biodiversidad, pero nuestra alma duele al saber que está amenazada por las petroleras y por todo tipo de industria extractivista que la ve como un recurso y un negocio lucrativo. Los cantos de los pájaros rompen el silencio, y el sonido del agua nos acompaña ya en el segundo día río adentro. Los pueblos Waorani lideran la protección del Parque Nacional Yasuní, conviviendo con él desde hace cientos de años, y hoy hemos venido a su casa. Este también es el hogar del delfín rosado, que vimos esconderse rápidamente en las aguas de la laguna Jatuncocha, además de cientos de miles de especies que componen esa gran abuela que llamamos selva amazónica. En este momento, navegamos río abajo, hacia el sur, para seguir con esta flotilla de la esperanza y de la solidaridad entre los pueblos. Para la mayoría de nosotros que participamos en este viaje, este es un territorio que visitamos y observamos por primera vez. En Coca, realizamos un intercambio para conocer las experiencias de los pueblos y organizaciones que enfrentan los combustibles fósiles. Al final del día, participamos en una marcha por la Madre Tierra por las calles del pueblo, que culminó en un acto político donde cubrimos la estatua de Francisco de Orellana, a quien se le atribuye la conquista de la Amazonía. Nombramos a los defensores de la Amazonía que nos fueron arrebatados y cerramos con un intercambio de discursos antes de embarcar al día siguiente. En esta flotilla, compuesta por varias embarcaciones pequeñas, viajamos personas indígenas de diferentes partes del continente y del mundo. Hemos venido a recorrer una ruta que busca amplificar las voces de los territorios y de sus primeros habitantes. Fuente: MidiaNinja

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COP30: Flotilla indígena parte de Ecuador rumbo a Belém

COP30: Flotilla indígena parte de Ecuador rumbo a Belém SÃO PAULO – Un grupo de indígenas ha partido en una travesía de más de 3.000 km por los ríos de Abya Yala —nombre ancestral del continente americano. La flotilla amazónica Yaku Mama (Madre Agua) comenzó su recorrido en la Cordillera de los Andes, en Ecuador, rumbo a la COP30, la conferencia del clima de las Naciones Unidas, que se celebrará en Belém, Pará, en noviembre. En 25 días de viaje, se espera que el grupo crezca en tamaño a lo largo del recorrido. Yaku Mama partió el 8 de octubre de la región del volcán Cayambe, tras un ritual sagrado, y planea desembarcar en la capital de Pará el 9 de noviembre, víspera del inicio de la conferencia. Antes de eso, recorrerán Coca y Nueva Rocafuerte, en Ecuador; Iquitos, en Perú; Leticia, en Colombia; y Manaos y Santarém, en Brasil. Aún no hay una cifra definitiva de cuántas embarcaciones y personas llegarán a la COP30. Según el grupo, el objetivo es promover agendas conjuntas de justicia climática, además de documentar y compartir historias de acción climática. La expedición también espera impulsar políticas y financiamiento climático que atiendan las prioridades de las comunidades. En Belém, el trabajo se centrará además en abogar por el reconocimiento y la integración del conocimiento tradicional en las soluciones climáticas. Alexis Grefa, indígena de la etnia Kichwa y uno de los organizadores de la flotilla, cuenta que el viaje es financiado por colectivos de pueblos originarios. Según él, al llegar a Belém, el grupo se dividirá entre campamentos propios y la Aldea COP (un espacio cedido por el gobierno federal a los indígenas), además de las propias embarcaciones. «El mensaje de la caravana es la lucha contra los proyectos depredadores que existen en nuestros territorios, como las mineras, las petroleras, las hidroeléctricas y los mercados de carbono. Son luchas que enfrentamos con resistencia diariamente en los territorios», dice Grefa a Folha. «Esperamos que la COP30 sea diferente de las últimas COPs. Realmente, esta edición nos da la esperanza de una respuesta mayor. Sobre todo, no solo que haya negociaciones, sino también que los pueblos indígenas sean invitados a tomar las decisiones», subraya. COALICIÓN INDÍGENA En octubre de 2024, indígenas de los nueve países de la cuenca amazónica formaron el G9, un nuevo grupo de coalición anunciado durante la COP16, la conferencia de las Naciones Unidas sobre biodiversidad que tuvo lugar en Cali, Colombia. En ese momento, el grupo inició la campaña «La Respuesta Somos Nosotros», que defiende los mismos objetivos que la flotilla Yaku Mama. Desde entonces, los indígenas han presionado a sus respectivos gobiernos por la defensa de los biomas, los pueblos tradicionales, la biodiversidad y el clima global. En abril de este año, el G9 se reunió con líderes indígenas de Oceanía en el ATL (Campamento Tierra Libre), la mayor movilización de pueblos originarios de América Latina, que se celebra anualmente en Brasilia. El encuentro alineó las demandas que deben ser presentadas en las conferencias del clima. Entre las principales está la demarcación de tierras indígenas como medida de preservación de la naturaleza. Una semana después del ATL, activistas de 70 países participaron también en Brasilia en un programa de cinco días sobre transición energética justa. En el evento, alinearon las pautas sobre los efectos del cambio climático en los pueblos más vulnerables. Los resultados de los debates y estudios serán llevados a la COP30.

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